La Paz encontró su voz en el Cabildo de Gran Canaria

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Cantautores por la Paz convirtió el patio interior de la institución insular en un encuentro de música, memoria y solidaridad, a cinco días del Día Internacional de la Paz.

El patio interior del Cabildo de Gran Canaria acogió este, 16 de septiembre, en la noche, un concierto de Cantautores por la Paz organizado por la Consejería de Solidaridad Internacional dentro del programa Gran Canaria Solidaria. Con la presentación del consejero Carmelo Ramírez Marrero y las actuaciones de Sara Brito, José Artiles, Daniel Cano, Mingo Quintana y Paco Sosa a la percusión, la cita anticipó la conmemoración del Día Internacional de la Paz, que se celebra el 21 de septiembre, y situó los derechos humanos, la solidaridad y el rechazo a la violencia en el centro de la conversación pública.

Cuando un patio se convierte en lugar de encuentro

Apenas habían pasado unos minutos de las siete y media cuando el patio de la sede insular empezó a hablar otro idioma: el de las guitarras, las voces y la escucha compartida. En un espacio asociado habitualmente a la actividad institucional, las canciones abrieron una conversación sobre aquello que los titulares de los conflictos no siempre alcanzan a contar: las vidas que continúan, las ausencias que pesan y la necesidad de encontrar caminos de convivencia.

La palabra abre paso a las canciones

Carmelo Ramírez Marrero, consejero de Solidaridad Internacional del Cabildo, presentó el acto y situó la paz, la solidaridad y la defensa de la vida entre los asuntos centrales de la velada.

La iniciativa forma parte del programa Gran Canaria Solidaria y de las actividades de información y sensibilización impulsadas desde su área. La programación institucional ofreció así un escenario a la canción de autor como lenguaje para acercar cuestiones globales a la ciudadanía.

Carmelo Ramírez: la paz también exige una vida digna

En declaraciones a Radio Guiniguada, Carmelo Ramírez explicó que el concierto buscaba conmemorar el Día Internacional de la Paz y llamar la atención sobre un mundo atravesado por las guerras, el comercio de armas y problemas sociales sin resolver.

A su juicio, la paz no puede reducirse al final de los enfrentamientos armados: requiere condiciones de vida dignas. Desde esa perspectiva, señaló la pobreza, el hambre y las migraciones forzadas como expresiones de una violencia que también debe afrontarse.

El consejero destacó la respuesta del público y describió un patio lleno de personas vinculadas a ámbitos políticos, sindicales, sociales, culturales y religiosos. Interpretó esa participación como una muestra de compromiso con la solidaridad y la fraternidad humana.

Defendió, además, que las actividades de sensibilización no pueden limitarse a las efemérides: reclamó formación, información y organización continuadas, y situó el concierto dentro de esa labor del programa Gran Canaria Solidaria.

Ramírez adelantó que la programación seguiría avanzando hacia el 2 de octubre, Día Internacional de la No Violencia, y mencionó próximas jornadas en el parque de San Telmo. Su planteamiento dejó una idea que enlazó con las canciones de la velada: el compromiso con la paz, sostuvo, debe mantenerse en el tiempo y no reservarse únicamente para los momentos libres.

Más allá de la declaración de principios, el valor público de encuentros como este reside en lo que permiten compartir: escuchar sin interrumpir, reconocer el sufrimiento ajeno y preguntarse qué responsabilidad corresponde a las instituciones y a la sociedad civil.

La cultura no sustituye la diplomacia, la ayuda humanitaria ni las decisiones políticas; puede, sin embargo, mantener abiertas preguntas que no deberían desaparecer cuando termina un informativo.

Cinco artistas, distintas maneras de nombrar la paz

Sara Brito, José Artiles, Daniel Cano y Mingo Quintana, acompañados por la percusión de Paco Sosa, dieron forma a un repertorio en el que convivieron la poesía, la denuncia de la violencia y la esperanza.

Las actuaciones alternaron la interpretación individual y los momentos corales: el público también se sumó a las canciones, transformando por instantes la distancia entre escenario y patio en una experiencia colectiva.

José Artiles dedicó parte de su intervención a Palestina y al pueblo saharaui. Sus canciones enlazaron la reivindicación de los derechos de ambos pueblos con una invitación a cantar en común. En ese momento, las voces del público adquirieron un protagonismo que ninguna descripción del cartel podía anticipar.

Mingo Quintana también encontró en la canción de autor su espacio para expresar el compromiso con la paz. Sus interpretaciones se sumaron a las distintas sensibilidades musicales que confluyeron en el patio del Cabildo, donde cada artista aportó su voz a una reivindicación compartida. Su participación contribuyó a dar continuidad a una velada en la que la música fue el hilo conductor del encuentro entre la cultura y la solidaridad.

Daniel Cano interpretó «La chica del tambor», presentada durante el encuentro como una canción basada en un poema de Adolfo García. La percusión y la palabra se encontraron en una pieza que recordó la capacidad de la poesía para adquirir otra vida cuando pasa por la música.

La memoria también subió al escenario

Uno de los momentos más íntimos de la noche llegó con una canción dedicada a Sergio Alzola, recientemente fallecido, según se recordó durante el concierto.

El homenaje convirtió la actuación en un gesto de acompañamiento a sus familiares, amistades y a quienes compartieron con él música y camino. En una jornada dedicada a la paz, hubo espacio también para esa forma cercana de cuidado que consiste en no dejar que el recuerdo se apague.

Sara Brito interpretó «Diente de león», una canción que, en la presentación de la velada, se vinculó con las niñas que imaginan una vida en libertad, sin miedo y con oportunidades. La imagen de una semilla llevada por el aire ofreció un contrapunto delicado a la dureza de las realidades evocadas durante el encuentro.

También resonó «Sin conflicto, al fin», composición presentada como vinculada a la Marcha Mundial por la Paz y la Noviolencia de 2009.

Su regreso al repertorio de esta cita mostró cómo una canción puede cambiar de contexto sin perder su pregunta esencial: qué estamos dispuestos a hacer, individual y colectivamente, para que la violencia no determine el futuro.

La paz exige algo más que un estribillo

Una canción no detiene por sí sola una guerra. Tampoco repara una casa destruida ni devuelve a una persona desaparecida, pero nos invita a reflexionar.

Precisamente por eso conviene no confundir el poder de la cultura con una solución inmediata. Su aportación es distinta: prestar palabras a lo que parece inabarcable, preservar la memoria, abrir espacios de empatía y reunir a personas que quizá no comparten todas sus ideas, pero pueden reconocer la dignidad de las demás.

Hablar de paz implica hablar también de protección de la población civil, derechos humanos, justicia y cauces efectivos para resolver los conflictos.

La ausencia de disparos no garantiza, por sí misma, una convivencia digna. Y la solidaridad cobra sentido cuando se traduce en atención a quienes sufren, escucha de sus testimonios y compromisos que puedan sostenerse más allá de una fecha conmemorativa.

El patio del Cabildo no resolvió las crisis internacionales. Dejó, en cambio, una escena concreta y significativa: artistas que cantan, personas que responden desde sus asientos y una institución que abre sus puertas a la reflexión pública.

La paz, tan invocada en los discursos, tuvo allí una forma modesta y tangible: la de una comunidad dispuesta a escucharse.

Radio Guiniguada, testigo de una noche para escuchar

Radio Guiniguada, Onda Libre y Comunitaria, estuvo presente en el concierto y acompañó las actuaciones, las palabras y los momentos compartidos de esta convocatoria.

Próximamente, el concierto se publicará en nuestra página web para que quienes no pudieron asistir también puedan escucharlo y recuperar las voces de esta noche dedicada a la paz.

Agradecimientos a Tino Prieto Aguilar