Se cierne sobre la humanidad un tiempo oscuro y hay que defender la belleza ante la barbarie.

Conversamos con el artista plástico Augusto Vives a propósito de su última exposición. El animal que nos queda que estuvo abierta hasta el pasado 22 de mayo en el Centro de Artes Plásticas de Las Palmas de Gran Canaria. El artista creó un espectáculo, que permanece en el catálogo y en el ánimo del espectador. La obra, que conquistará nuevos espacios expositivos, no deja indiferente a nadie, por el lenguaje empleado y porque constituye un universo que nos muestra una realidad oculta que incomoda. El animal que nos queda reúne una serie de objetos de arte perfectamente diseñados y pensados para trastornar nuestra cotidianidad. Más de diez años de producción, desde la última exposición individual en San Martín, hace ahora once años. Augusto Vives es además un reputado ilustrador, ahora mismo anda preparando un cómic poético, una caja-libro sobre el silencio con Eduvigis Hernández y dándole vueltas al diseño de un libro de Marcos Hormiga. Es un apasionado de la lectura y un escritor que se prodiga lo justo, calladamente. La charla transcurre durante el desmontaje de la muestra. Los ruidos en la sala nos traen el recuerdo de aquel buitre voraz que le devoraba las entrañas al poeta filósofo Miguel de Unamuno.
– ¿Por qué El animal que nos queda?
El poema de Eduvigis Hernández que sirve de introducción a la muestra refleja toda la dureza con la que se manifiesta el animal que nos construye y a la vez nos destruye. Es una paradoja que la razón, que es la que nos diferencia de los animales, sea la que juega en contra de la propia condición humana. La deshumanización como espectáculo grotesco se transforma en canto poético.
– ¿Pueden la poesía y el arte salvarnos de la condición animal?
Considero que la obra de arte debe de remover, conmover y asaltar al espectador. Ha de ser mortal, como la bala que mató a Kennedy, hablando en términos poéticos. Debe de plantear preguntas, ser elcombustible para el incendio. La poesía es el antídoto al despropósito. Necesitamos nuevas palabras para una nueva época porque, como decía Debord, el lenguaje y la palabra sufren un proceso de alienación y espectacularización. La conexión con la poesía me permite transitar por el horror a través de los títulos de la obra.
-Podría decirse que claramente triunfa la bestia sobre la divinidad humana.
Se cierne sobre la humanidad un tiempo oscuro donde el animal que anida en nosotros se impone a lo racional. El instinto depredador es un monstruo que devora lo más sagrado que es lo humano. Me sitúo ante los esperpéntico, el horror y lo grotesco mostrándolo de forma poética.
-Quizás lo onírico muy presente en su arte sea una forma de supervivencia.
La imaginación es un buen lugar para vivir. Habrá quizás que refugiarse, como dijo Brassaï, en el sueño como una forma de supervivencia. Aunque no es fácil porque el buitre de Unamuno, que es un depredador que anida en nosotros, es también único constante compañero que en mi creación respira y se trasmuta en monstruo devorador. Hay un inmenso bestiario a lo borgiano que nace y se reproduce en cada imagen. Asomarse al abismo y al vértigo que provoca el monstruo resulta insoportable.
– ¿Qué le duele al Augusto Vives?
Me duele la falta de tolerancia y mucho la falta de amor, como constructo de un mundo de igualdad. Nada que no se haga o se cree con amor perdurará.
– ¿Todo proceso creativo es un doloroso proceso de introspección?
No necesariamente el proceso de parir es penoso, en mi caso necesito una estabilidad emocional indolora, que permita entrar en mis angustias vitales y poder plasmarlas en la obra. Si estoy emocionalmente inestable, me es imposible crear. Sé que el proceso es lento y la gestación se puede posponer de manera incontestable. Necesito que la obra me hable y me diga por donde me tengo que conducir. Nada es gratuito formalmente y todo corresponde a una deliberada puesta en escena que me permite reflejar la decadencia humana. Cada elemento compositivo es estudiado, valorado y sopesado para componer ese corpus de la desesperación. En mi proceso creativo hay un deleite en el
descubrimiento de lo que hago. Me convierto sin querer en mi primer espectador que asiste a la magia del acontecimiento creativo.
– Percibo en su obra como una lucha dialéctica entre belleza y fealdad.
Hablaría más de un lenguaje de lo horrible y de la fealdad de la condición humana. Esta feúra es la coartada para la sublimación de la beldad. Todo nace como antítesis. Como dije anteriormente lo esperpéntico se traduce al canto poético. Decía Genet que no hay otro origen para la belleza que la herida, individual, irrepetible, oculta o visible, que cada hombre alberga en su interior y defiende. Siempre hay que defender la belleza ante la barbarie, siendo la belleza el lenguaje del amor. Es el principio que conmueve. Se impone pues… una consigna como el farero del Principito, que es pensar más con el corazón.
– Goya, Brueghel, El Bosco… inquietan y horrorizan con algunas de sus obras en las que la fealdad es protagonista.
Indudablemente soy heredero de estos grandes hacedores, salvando las distancias. El Bosco, Goya o Francis Bacon están en mí y en mi obra como referentes de construcción. Ellos retrataron la fealdad humana de forma magistral. Solo puedo rendirles un homenaje póstumo y rendirme a su magisterio. Un feísmo deliberado que obliga al espectador a tomar una decisión de rechazo o aceptación de la obra. Theodor Adorno argumentaba que lo feo tiene su propio valor estético porque desafía lo correcto. Y sí, lo feo como grotesco tiene un atractivo en mi obra. Lo imperfecto de la condición humana y su tragedia es un lugar perfecto que me permite romper el molde de la belleza tradicional, tan arraigada en la historia del arte. La imperfección tiene una fuerza expresiva y emocional importante. Estoy ante el triunfo de lo emocional, comoelemento aglutinador y constructor de la obra.

Junio 2026
