Habanera, el amor es un pájaro rebelde

Felipe García Landín Opinión

El tema principal de la habanera como género musical es básicamente el amor y el desamor, en todas sus formas. El amor gozoso y el amor dolorido. Este tipo de canción surgió en Cuba y luego se trasladó a Europa donde el canto popular se fundió con la música culta (Bizet, Ravel, Chabrier, entre otros). El amor es un pájaro rebelde, de la ópera Carmen, posee quizás todos los tópicos de la habanera y del amor: la pasión amorosa no se puede domar, es irracional y no se ajusta a ninguna ley.  Imaginamos que a partir de estos elementos Emilio González Déniz compuso su Habanera, una novelabreve que se publicó por entregas dominicales en el periódico Canarias7 desde el 7 de diciembre de 1990 al 7 de junio de 1991. Y reaparece ahora en forma de libro (Mercurio editorial). Como afirma en el prólogo Francisco Suárez Álamo, «los caminos de la literatura y el periodismo llevan cruzándose hace muchísimo tiempo». Gabriel García Márquez consideraba el periodismo como un género literario al mismo nivel que la novela, la poesía, el cuento y el teatro. Tenía muy claro que la literatura permite evadirse al inventar mundos literarios frente al periodismo que mantiene o retiene al escritor en el suelo. La aventura nos la cuenta el autor: «Fue una especie de desafío que me hicieron entonces José Luis Torró (Director) y Víctor Rodríguez Gago (Jefe de Cultura) para homenajear las novelas por entregas del siglo XIX, formato en el que fueron publicadas obras tan significativas como Historia de dos ciudades, La Cartuja de Parma, Los Hermanos Karamazov y Anna Karenina, entre otras muchas obras capitales de la novela del siglo XIX». Evidentemente esta forma de publicar condiciona e incide en la estructura «pues, generalmente, están escritas en capítulos cortos, adaptables a los periódicos y revistas en las que veían la luz. Se nota que, las que fueron publicadas en revistas, tiene capítulos más largos que las que salían en los periódicos.  Cuando aparecieron en libro, algunos autores juntaron varias entregas y así aparecen con capítulos más largos; otros las dejaron tan cual». Y con respecto a su obra nos deja su opinión: «Sinceramente, nunca pensé que me quedase razonablemente bien y por ello no creo que fuera buena idea hacer ahora cambios estructurales, más allá de precisar tiempos verbales o corregir tildes según la evolución de las normas de la RAE». Porque nos confiesa que entonces sería otra novela muy diferente al momento en que fue pensada y «no el homenaje que quisimos rendir a los apresurados folletines del siglo XIX». Pero ¿cómo fue el proceso? Recuerda que el trato «fue escribir cada capítulo una vez fuese publicado el anterior. Como salía cada domingo, yo tenía desde ese día hasta el jueves para escribir el capítulo siguiente, pues el dominical se maquetaba los viernes, y ese trato bajo palabra de honor lo mantuve hasta el final». Lo que sí es evidente es que al final del siglo XX la experiencia tenía que ser diferente. «Es obvio que yo tenía más ventajas que los autores del siglo XIX, porque entonces una técnica como el flash- back, el uso de varias voces narrativas o que uno de los narradores lo hiciera después de muerto, no habían sido exploradas con las grandes aportaciones al género de celebridades como Kafka, Proust, Virginia Wolf, Joyce, Faulkner y otras plumas cimeras. De todo eso me valí para no meterme en un laberinto, porque no es sencillo escribir casi a ciegas, porque el argumento se iba dibujando con la propia escritura».

La acción de Habanera se desarrolla en Bardinia, ese lugar mítico que apareció por primera vez en La mitad de un credo y continuó con Bastardos de Bardinia. Habanera es una tienda de música que regenta Greta y es una ópera que está escribiendo Charly. Los dos personajes protagonistas mantendrán una relación amorosa singular en una ciudad provinciana como Las Palmas de Bardinia, una ciudad superficial que sólo vive de apariencias y «está compuesta por rancios apellidos en la ruina y nuevos ricos que compran pianos japoneses para sostener un portarretratos». Conoceremos su historia a través del testimonio de los personajes que se van alternando en la narración para ofrecer, cada uno, una visión de los hechos y de los sentimientos. Así, con este enfoquenarrativo y un tono socarrón, por momentos sarcástico, iremos descubriendo que en Bardinia solo ha cambiado lo externo, porque «interiormente funciona igual que hace un siglo; sólo que hay Mercedes en vez de calesas, minifaldas en lugar de vestidos concorsé y miriñaque, y discotecas donde antes había salones de té (incluso siguen teniendo su clientela algunos salones de té)».

El escritor reúne en este juguete narrativo todos los ingredientes que dan sustancia al folletín: lo anecdótico, lo cotidiano y también lo social y político para recrear tipos humanos y construir ambientes de ficción que resulten creíbles, verídicos. Así, el mundo de los medios de comunicación, el cine, la música, los ideales, los personajes históricos, lo sensual, lo íntimo y múltiples datos sobre cuestiones diversas irán formando una trama que sea capaz de enredar al lector. En definitiva, elementos variados del mundo real conviven de forma natural en el tiempo narrativo, en los diálogos, en el ambiente creado… Todos estos aspectos le sirven al escritor para convencer a los lectores de que lo contado es veraz. Aunque la Isla y la propia condición insular aparezcan como imaginario de un mundo de leyenda que se convierte en centro del mundo. Para conseguirlo se recurre al uso de una narración lineal, la aparente sencillez del lenguaje, párrafos en general cortos, diálogos ágiles, intensidad dramática, el uso de la imagen poética, la introspección de los personajes, el tono humorístico y la concentración de la tensión narrativa en un espacio temporal limitado. Habanera no solo es el retrato melodramático de una isla, de una sociedad y su burguesía, sino que además pone de manifiesto que Emilio González Déniz está especialmente dotado para la escritura y que es en esencia un contador y un hacedor de novelerías. La novela se disfruta y se lee en el tiempo que dura una opereta. Para el autor su escritura debió suponer un divertimento y un reto, para los lectores del periódico un pasatiempo para escapar momentáneamente de la realidad inmediata. La experiencia de Habanera fue tan gratificante para el autor y el periódico que cuatro años después, abordaría durante cada domingo del año 1994 la publicación de Crónicas del salitre.

Mayo 2026

Felipe García Landín