Gaza: la infancia que sueña con pupitres mientras sobrevive entre ruinas

Gran Canaria Sin Fronteras Noticias de la radio Palestina

La guerra en Gaza ha dejado a más de 660.000 niñas y niños sin acceso a la educación, con escuelas destruidas y convertidas en refugios, mientras miles de pequeños cargan traumas por la violencia y la pérdida de sus familias. En el Día Internacional para Proteger la Educación de Ataques, la ONU alerta sobre el riesgo de una generación perdida en Palestina, donde casi un millón de menores viven bajo bombardeos y en condiciones de extrema vulnerabilidad.

Cada 9 de septiembre, el mundo recuerda una verdad incuestionable: ningún niño o niña debería arriesgar su vida para aprender a leer, escribir o soñar con un futuro mejor. Sin embargo, en pleno 2025, la realidad es desgarradora. Los conflictos armados no solo destruyen ciudades y hogares, sino que también atacan uno de los pilares fundamentales para el desarrollo humano: la educación. Entre 2022 y 2023 se registraron cerca de 6.000 ataques contra estudiantes, docentes y centros educativos en diferentes regiones del planeta. Esta cifra no es solo un dato frío: detrás de ella hay historias de escuelas bombardeadas, maestros perseguidos y niños que, en lugar de mochilas, cargan traumas y miedo. Más de 10.000 menores fueron asesinados, secuestrados o arrestados en este período, mientras que el uso de escuelas con fines militares creció un 20 %, una práctica que convierte espacios de aprendizaje en objetivos estratégicos de guerra.

La situación es especialmente crítica en Palestina, donde la guerra ha convertido la supervivencia en la única asignatura diaria. “En lugar de estudiar en la escuela, nos hemos visto obligados a vivir en ella. Llevamos una maleta en lugar de una mochila escolar”, relata Diana, una niña de Gaza, que junto a su familia se refugia en una escuela de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) en el barrio de Shujaiya. Estas instalaciones, que deberían estar llenas de risas y lecciones, se han convertido en refugios improvisados y abarrotados para miles de desplazados. Diana, que sueña con volver a las aulas, describe su realidad con palabras sencillas pero estremecedoras: “No jugamos y no aprendemos. Vivimos dentro de la escuela, donde dormimos y comemos. Ahora no hay educación”.

Jana, de nueve años, también vive en una escuela-refugio. Antes de la guerra esperaba con entusiasmo la compra de sus cuadernos y lápices para iniciar un nuevo curso; ahora corre tras las cocinas comunitarias buscando algo de comida y agua. Su padre murió durante los ataques, y su voz refleja el dolor de la pérdida y la injusticia: “Dos años de mi vida se fueron en vano. Mi padre murió en la guerra. ¿Qué culpa tengo yo de quedarme huérfana, sin familia y sin escuela?”. En otra esquina, Malak, en lugar de hacer deberes, recolecta plástico y cartón para encender el fuego que permita cocinar algún alimento. “Queremos que la guerra termine. Queremos volver a casa, al colegio, a una vida normal. Esto no es vida”, dice con voz quebrada.

Según la UNRWA, alrededor de 660.000 niños en Gaza llevan tres años consecutivos sin poder asistir a la escuela. El 90 % de las instalaciones educativas han sido destruidas o sufren daños graves, lo que convierte la reconstrucción en una tarea titánica que requiere tiempo y recursos. La agencia advierte que Gaza corre el riesgo de perder a toda una generación, ya que casi un millón de niños sufren traumas psicológicos profundos debido a la violencia y la incertidumbre.

Esta situación se desarrolla mientras en Cisjordania unos 46.000 estudiantes refugiados han comenzado el nuevo curso escolar en centros de la UNRWA. Sin embargo, incluso allí, la educación enfrenta graves obstáculos. En Jerusalén Este, las autoridades israelíes cerraron seis escuelas de la Agencia, afectando a 800 niños, una medida que viola el derecho a la educación y las obligaciones internacionales de Israel como miembro de la ONU.

El último informe de Naciones Unidas sobre la infancia en conflictos armados revela una escalada de violencia sin precedentes. En 2024 se registraron 41.370 violaciones graves de los derechos de niños y niñas, la cifra más alta en casi tres décadas. Los ataques directos a escuelas aumentaron un 44 % respecto al año anterior. Además de Gaza, países como la República Democrática del Congo, Somalia, Nigeria y Haití también se encuentran en la lista de territorios donde la infancia vive bajo amenaza constante. En muchos de estos lugares, la guerra urbana ha transformado barrios enteros en campos de batalla, y las minas antipersonales continúan cobrando vidas incluso después de cesar los enfrentamientos.

En medio de esta crisis, también existen pequeños avances. Durante 2024, alrededor de 16.500 menores fueron liberados de grupos armados y recibieron apoyo para su reintegración gracias a organizaciones humanitarias y acuerdos con diferentes actores en conflicto. Desde 2005, más de 200.000 niños han sido rescatados de estas estructuras violentas. Además, países como Iraq, Pakistán y Filipinas lograron implementar medidas preventivas que los llevaron a ser retirados de la lista de territorios donde persiste la utilización de niños en conflictos armados.

El Día Internacional para Proteger la Educación de Ataques, proclamado por la ONU en 2019, busca visibilizar estas tragedias y movilizar a la comunidad internacional. Este 2025, la UNESCO y UNICEF celebrarán la efeméride bajo el lema “Desafiando narrativas, transformando acciones”, con un evento en Ginebra que reunirá a líderes, activistas y organizaciones humanitarias con el objetivo de promover entornos escolares seguros y exigir a los Estados que asuman su responsabilidad de garantizar una educación inclusiva y de calidad, incluso en medio de crisis humanitarias.

La educación no puede ser una víctima colateral de la guerra. Sin aulas seguras, no solo se pierde el presente de miles de niños, sino también el futuro de comunidades enteras. Mientras Gaza y otras zonas del mundo sigan siendo lugares donde los libros se cambian por armas y los pupitres por trincheras, la tarea seguirá pendiente. Defender la educación es defender la paz, y cada niño privado de aprender es una herida abierta en la conciencia de la humanidad.

Información y estadísticas tomadas del sitio web oficial de ONU